«Se decía que los Morales morían de males de corazón. Paros cardiacos fulminantes; sí, fulminantes. No había un aviso, ni advertencia. Un día estaban ahí y al siguiente, no. Para los Morales, “Males de corazón”, significaba “No sé controlar mis emociones” o “Me trago todo lo que siento”».
¿Quiénes son los Morales? Pregunta válida, tal vez esperable, pero que aquí, en este libro, que ahora sostienes entre tus manos, no encontrará una respuesta única. No, no hay forma de hallarla, puesto que, como la vida misma, los cúmulos de altibajos, protagonizados en estas páginas por quienes responden a ese M de Morales, no te permitirán aferrarte, querida o querido lector, a un único o tajante juicio con respecto a dicho nombre. Imposible hacerlo, si somos sinceros con la existencia misma, puesto que, en los quince relatos que componen este volumen, te encontrarás de frente con los retratos de una familia mexicana intentando sobrellevar lo que, a todas luces, es una dura existencia; y lo harán, por su Dios que lo harán, a partir de, probablemente, las únicas maneras en las que saben hacerlo. Por lo tanto, puedo anticiparte que con lo que aquí sí tropezarás, será, en su mayoría, con las historias de una familia atrapada en medio de una narrativa dolorosa y existencial; a veces con atisbos de esperanza, sí, incluso con un poco de humor, aunque, al fin y al cabo, viajando entre los círculos de pesares que conforman la idiosincrasia, la tradición, la ontología quizá, de lo que significa en ellos el ser latinoamericanos.















